¿Sospechas que un familiar se está aprovechando económicamente de una persona mayor? Te explico qué señales detectar, qué pruebas reunir y qué hacer para proteger su patrimonio.
¿Qué ocurre cuando la persona que debería cuidar y proteger a una persona mayor termina aprovechándose de ella?
Es una pregunta difícil.
Y mucho más frecuente de lo que pensamos.
A veces aparecen retiradas de dinero que nadie sabe explicar. Otras, transferencias, donaciones, compras, ventas de inmuebles o movimientos en las cuentas bancarias que no parecen responder a las necesidades de la persona mayor.
Y cuando quien gestiona ese patrimonio es un hijo, un hermano o alguien de absoluta confianza, todavía resulta más difícil aceptar que pueda estar ocurriendo algo.
Pero hay algo que conviene tener claro:
Tener dudas no significa acusar. Significa que quizá ha llegado el momento de preguntar, revisar y proteger.
Hace poco viví una situación así con un cliente al que llamaré Juan.
La historia de Juan: cuando algo no encaja
Juan es un nombre ficticio, pero su historia es real y podría ser la de muchas familias.
Juan acudió a mí preocupado por la situación de su padre.
Su hermano había ejercido como curador de su padre y se había encargado de gestionar parte de su patrimonio.
Hasta que empezaron a aparecer algunas operaciones que generaban dudas.
Al revisar la información económica disponible encontramos movimientos que necesitaban una explicación: donaciones, determinados gastos, operaciones relacionadas con inmuebles…
Juan no sabía exactamente qué había ocurrido.
Pero tenía una pregunta que se repetía una y otra vez:
¿Qué ha pasado con el patrimonio de mi padre?
Y había otra cuestión todavía más importante,
¿Se había utilizado ese patrimonio realmente en beneficio de su padre?
A partir de ahí comenzó un proceso que ha durado meses.
Primero conseguimos que se nombrara un nuevo curador.
Después solicitamos que se revisara y justificara la gestión económica realizada por el anterior curador.
Lo que jurídicamente conocemos como rendición de cuentas.
Hubo que insistir. Y volver a insistir.
Hasta que finalmente conseguimos que el Juzgado escuchara la preocupación de Juan y se iniciara un procedimiento para investigar esa gestión.
Esto no significa que se haya demostrado que exista una irregularidad.
Será la investigación la que determine qué ocurrió.
Pero sí hemos conseguido algo esencial:
que las preguntas de Juan sean escuchadas y que la gestión pueda ser investigada.
Y precisamente por eso quiero hablar hoy de este tema.
Porque cuando sospechamos que puede existir un abuso económico o patrimonial de una persona mayor o vulnerable, es importante saber cómo actuar.
¿Qué es el abuso económico de una persona mayor?
El abuso económico o patrimonial consiste, de forma general, en utilizar, controlar, aprovecharse o disponer de los recursos económicos o bienes de una persona en su perjuicio.
Puede adoptar formas muy diferentes.
Por ejemplo:
- Retirar dinero de sus cuentas sin una justificación clara.
- Utilizar sus tarjetas o cuentas para gastos propios.
- Realizar transferencias a otras personas.
- Convencerle para realizar donaciones que no responden a sus intereses.
- Vender o transmitir bienes sin que exista una razón aparente.
- Aprovechar un poder para realizar operaciones en beneficio propio.
- Ocultar información sobre su patrimonio.
- Utilizar los ingresos de la persona para fines ajenos a sus necesidades.
Y no siempre existe una actuación claramente delictiva.
En ocasiones nos encontramos simplemente ante una gestión inadecuada o negligente del patrimonio.
Por eso es tan importante analizar cada caso y no sacar conclusiones precipitadas.
¿Cómo detectar que puede existir un problema?
No existe una única señal que permita afirmar que estamos ante un abuso económico.
Pero sí hay situaciones que deberían hacernos prestar atención.
Por ejemplo:
- Cambios inexplicables en el patrimonio.
La persona tenía unos ahorros y, de repente, han disminuido considerablemente sin que nadie pueda explicar por qué.
- Movimientos bancarios que no corresponden con sus necesidades.
Transferencias, retiradas de efectivo o pagos que no parecen tener relación con sus gastos habituales.
- Operaciones patrimoniales inesperadas.
Donaciones, ventas de inmuebles, cambios de titularidad o nuevos productos financieros que la familia desconocía.
- Falta de información.
La persona que gestiona el patrimonio evita explicar qué se ha hecho con el dinero o se niega a facilitar documentación.
- Cambios repentinos en documentos o poderes.
Especialmente cuando coinciden con una situación de mayor vulnerabilidad de la persona.
Una señal aislada no demuestra un abuso.
Pero varias señales juntas pueden justificar que la situación sea revisada.
¿Qué hacer si sospechas que un familiar se está aprovechando de una persona mayor?
Este es probablemente el punto más importante.
Porque cuando aparecen las primeras sospechas, muchas familias no saben qué hacer.
1.- No ignores lo que te preocupa
A veces intentamos convencernos de que no está pasando nada.
“Seguro que hay una explicación.”
“Es su hijo.”
“Siempre se ha ocupado de él.”
“Habrá utilizado el dinero para alguna cosa que desconocemos.”
Puede ser.
Pero también puede no serlo.
No es necesario tener una certeza absoluta para empezar a recopilar información.
2.- Conserva y revisa la documentación
Si tienes acceso legítimo a documentación económica, consérvala.
Pueden ser importantes:
- Extractos bancarios.
- Transferencias.
- Retiradas de efectivo.
- Escrituras.
- Contratos.
- Documentos de donaciones.
- Facturas.
- Información sobre préstamos.
- Documentación relacionada con poderes.
- Resoluciones judiciales.
- Comunicaciones entre los familiares.
Lo importante es intentar reconstruir qué ha ocurrido.
3.- No borres ni alteres información
Puede parecer una cuestión menor, pero es importante conservar los documentos tal y como se obtuvieron.
No conviene manipular información ni acceder a cuentas o documentación para las que no se tiene autorización.
Si existe un posible conflicto familiar, además, es especialmente importante actuar de forma prudente.
4.- Consulta con un abogado antes de hacer nada
Este paso puede evitar muchos problemas.
Cuando existe una sospecha de abuso económico, la reacción más natural puede ser llamar al familiar, exigir explicaciones o incluso iniciar una discusión.
Pero antes de hacerlo conviene saber qué información tenemos, qué derechos existen y qué actuaciones pueden ser necesarias.
Un abogado especializado puede analizar la situación y determinar qué vías existen para proteger a la persona y su patrimonio.
Dependiendo del caso, puede ser necesario solicitar medidas de apoyo, revisar la gestión realizada por quien ejercía funciones de apoyo, solicitar una rendición de cuentas o estudiar otras posibles responsabilidades.
5.- Si existe un curador revisa como se ha gestionado su patrimonio
Cuando una persona ejerce como curador y administra bienes de otra persona, existen obligaciones legales respecto de esa gestión.
La rendición de cuentas permite revisar y justificar cómo se ha administrado el patrimonio.
Además, el Código Civil establece la responsabilidad del curador por los daños causados por su actuación cuando exista culpa o negligencia.
Por eso, cuando existen dudas razonables sobre la gestión, la rendición de cuentas puede convertirse en una herramienta fundamental para conocer qué ha ocurrido.
6.- Si es necesario informa a quien corresponda
Dependiendo de las circunstancias, puede ser necesario acudir al Juzgado o poner los hechos en conocimiento del Ministerio Fiscal.
La vía adecuada dependerá de cada caso.
Y precisamente por eso es importante no actuar siguiendo únicamente lo que hemos leído en Internet o lo que nos ha contado otra persona.
La estrategia debe adaptarse a la situación concreta de la persona y a la naturaleza del posible abuso.
¿Y si quien se está aprovechando es un hijo, un hermano o alguien de confianza?
Esta es, probablemente, una de las partes más dolorosas.
Porque cuando hablamos de abuso económico de personas mayores muchas veces no estamos hablando de un desconocido.
Estamos hablando de un hijo.
De un hermano.
De un sobrino.
De alguien que durante años ha cuidado de esa persona.
Y reconocer que puede estar existiendo un problema resulta tremendamente difícil.
Pero proteger a una persona mayor no significa necesariamente ponerse en contra de otro miembro de la familia.
Significa asegurarse de que sus decisiones, sus derechos y su patrimonio están siendo respetados.
Y si no hay nada irregular, una revisión adecuada permitirá aclararlo.
Pero si sí existe un problema, detectarlo cuanto antes puede evitar que el perjuicio continúe.
Proteger el patrimonio también es proteger a la persona
Cuando hablamos de patrimonio tendemos a pensar únicamente en dinero.
En una cuenta bancaria.
En una vivienda.
En unos ahorros.
Pero para una persona mayor, su patrimonio puede representar mucho más.
Puede ser el dinero que necesita para pagar sus cuidados.
La vivienda en la que quiere seguir viviendo.
Los recursos que necesita para tener una vida digna.
Su autonomía.
Su seguridad.
Por eso, proteger el patrimonio de una persona vulnerable también es proteger su proyecto de vida.
Y esta es una de las razones por las que este tipo de situaciones deben abordarse con especial cuidado.
Volvamos a Juan
Después de meses de trabajo, hoy Juan ha conseguido algo que para mí es muy importante:
que el Juzgado escuche.
Todavía no sabemos cuál será el resultado de la investigación.
Y habrá que esperar para conocer qué ocurrió realmente con la gestión del patrimonio de su padre.
Pero hoy existe una vía para averiguarlo.
Y eso ya es un paso.
Porque cuando una familia tiene la sensación de que algo no encaja, muchas veces lo más difícil es precisamente conseguir que alguien escuche sus preocupaciones.
Por eso, si tienes dudas sobre cómo se está gestionando el patrimonio de un familiar, no tienes por qué esperar a tener todas las respuestas para pedir ayuda.
Puedes empezar por algo mucho más sencillo:
recopilar la información, ordenar tus dudas y consultar tu situación.
Como siempre gracias por leerme!